San Vicente de Tagua Tagua parece estar atrapado en un ciclo sin fin. Durante años, el “Parque Comunal La Puntilla” fue la joya de la administración anterior, un proyecto que prometía ser el pulmón verde definitivo para la comunidad.
Hoy, ese parque es el centro de una tormenta legal, política y financiera. Es diciembre de 2025. El actual alcalde, Guido Carreño, ha tomado una decisión drástica: dejar de arrendar La Puntilla. En su lugar, el municipio ha trasladado la recreación estival al “Club de Campo La Encina”.
Una decisión que, lejos de calmar las aguas, ha revivido los fantasmas del pasado. ¿Qué pasó con los cientos de millones invertidos en La Puntilla? ¿Por qué un alcalde que criticó duramente el arriendo de terrenos privados con fondos públicos ahora replica la fórmula en otro recinto? Y lo más grave: ¿Se enfrenta el municipio a una millonaria demanda por incumplimiento de contrato? Hoy en este reportaje: el adiós a La Puntilla y la polémica bienvenida a La Encina.
Para entender el caos actual, debemos rebobinar. El Parque La Puntilla no nació exento de polémica. En 2022, una investigación reveló que la administración del entonces alcalde Jaime González había gastado más de 3.000 millones de pesos en contratos cuestionados.
El problema de fondo siempre fue el mismo: el municipio invertía dinero fiscal —nuestro dinero— en mejorar un terreno que no le pertenecía. Se construyeron áreas verdes y pagaron servicios de paisajismo millonarios a contratistas vinculados familiarmente a la administración.
La Contraloría y la justicia pusieron sus ojos en San Vicente por fraude al fisco. Recordemos eso sí, que el ex edil fue sobreseído del caso por no encontrar las pruebas suficientes que sustentaban las denuncias impuestas por dos concejales de la comuna.
Se estima que en La Puntilla se invirtieron entre 600 y 800 millones de pesos en mejoras. Dinero que, con el fin del contrato anunciado este mes, quedaría como un “regalo” para los dueños privados del terreno. La promesa de compra nunca se concretó. Los dueños pedían 75.000 UF por el terreno, una cifra inalcanzable. Así, llegamos al 2025 con un parque arrendado, mejorado con dinero de todos, y que ahora el municipio decide abandonar.
Desde el 1 de diciembre de 2025, la recreación se mudó. El municipio arrendó el “Club de Campo La Encina”. Según la nueva administración, este lugar ya viene listo: tiene piscina, toboganes y quinchos, por lo que —aseguran— no se gastará “ni un peso” en habilitarlo. Pero este cambio viene con letra chica. A diferencia del parque anterior, desde enero —cuando termine la marcha blanca— comenzará a aplicarse un copago.
La entrada general seguirá siendo gratuita, pero el uso de la piscina tendrá un costo de dos mil pesos por persona. Para los adultos mayores, el valor será de mil pesos, mientras que quienes no pertenezcan a la comuna deberán pagar diez mil pesos. La amenaza es clara.
Los propietarios aseguran que el municipio no respetó los plazos de aviso para poner término al contrato, que eran de sesenta días. De confirmarse esta situación, San Vicente podría verse obligado a pagar dos arriendos al mismo tiempo: el nuevo, en La Encina, y el antiguo, en La Puntilla, además de enfrentar los costos de un eventual juicio millonario.
La historia se repite. Un terreno privado, fondos públicos y la incertidumbre de los vecinos en el medio. Mientras el municipio celebra el ahorro en mantención con el nuevo club, la sombra de una demanda y la pérdida de la inversión histórica en La Puntilla oscurecen el verano sanvicentano.
¿Es La Encina una solución real o un parche político? ¿Quién responderá por los millones que quedaron enterrados en las áreas verdes de La Puntilla? Por ahora, los vecinos tienen piscina nueva, pero la comuna hereda un problema viejo.