Era cerca de la medianoche, del sábado 30 de mayo de 2026, se trataba de un incendio estructural en una bodega de un fundo en San Vicente de Tagua Tagua.
En un par de minutos, oficiales de seguridad ciudadana estaban en las afueras del recinto privado, para evitar interrupciones automovilísticas que podían entorpecer el tránsito de unidades bomberiles hacia la estructura de adobe que ardía en llamas.
Mientras esperaba que llegará el auxilio bomberil, pude conversar con el inspector municipal a cargo del turno. Fueron más de cuatro carros bombas, y tres compañías desplegadas en terreno. Estaban a cargo de los comandantes Claudio Araya Espinoza y Mario Pizarro Rojas.
Al respecto, uno de ellos conversó con nosotros. Si bien dentro de las inmediaciones dañadas no habitaban personas, ni se presentaron terceros afectados por el incandescente fuego que consumió el inmueble.
Existía un peligro invisible, pero que con solo una chispa generaría una catástrofe sin precedentes. Resulta que, al interior de la bodega había productos fertilizantes que podían generar una reacción química en cadena.
Gracias al invaluable trabajo de las bomberas y los bomberos en el lugar, se pudo combatir al siniestro y ahogar todas las llamas, pudiendo así evitar una catástrofe mucho más grande. No se reportaron bomberos lesionados, y el flujo de la vida siguió por su curso normal.