En el Hospital Dr. Franco Ravera Zunino de Rancagua, los auxiliares de pabellón desempeñan un rol esencial en el proceso quirúrgico. Dedicados a mantener la asepsia de estos espacios clínicos, su labor va más allá de la limpieza de muros y pisos. Estos profesionales son los encargados de sanitizar los pabellones después de cada intervención, garantizando un entorno seguro para el próximo paciente, e incluso colaborando en el traslado de quienes requieren apoyo.
Sebastián Monsálvez, con dos décadas de experiencia en el hospital, resalta que su trabajo no solo se enfoca en la higiene, sino también en la interacción con los pacientes y el equipo médico. “Aunque realizamos la misma labor cada día, las personas y sus historias hacen que cada jornada sea diferente”, comenta Monsálvez, quien se formó específicamente en este sistema de aseo y destaca la gratitud de poder contribuir a la salud de quienes más lo necesitan.
Camila Vidal, otra de las auxiliares, subraya la importancia de su trabajo para garantizar la seguridad de los pacientes y el personal médico. “Nos enfrentamos a situaciones difíciles, pero nos comprometemos a hacer nuestro aporte de la mejor manera posible”, afirma, reconociendo el desafío emocional que implica ver a personas en condiciones críticas.
Juan Carlos Aránguiz, con 29 años de servicio en el hospital, añade que su labor trasciende la limpieza, destacando la importancia de brindar un apoyo humano a los pacientes que atraviesan momentos complicados. “Es reconfortante escuchar un ‘gracias’ de un paciente, y este trabajo me ha enseñado a valorar la vida de una manera diferente”, concluye Aránguiz.
Estos auxiliares de pabellón, con su dedicación y compromiso, son un pilar fundamental en la atención sanitaria del Hospital Dr. Franco Ravera, asegurando que cada paciente reciba la mejor atención posible en un ambiente seguro y limpio.