Sr Director:
Cuando camino por la ciudad penquista, atravieso calles saturadas de ruido. ¿Dónde está el silencio cuando más se necesita? Entre el sonido de obras, vehículos y voces, encontrar un espacio de tranquilidad es una misión casi imposible.
Nuestras comunidades sufren de contaminación acústica, la cual afecta gravemente la salud de niños, adolescentes, adultos y personas mayores, debido a que están expuestos constantemente a altos niveles de ruidos. Esto genera estrés, problemas de concentración y alteraciones del sueño.
Considero que es crucial que se tomen medidas para establecer lugares silenciosos y, a la vez, fomentar la educación ambiental en las personas, para que entre todos podamos lograr entornos que prioricen el bienestar de la ciudadanía.
Le agradece su atención,
Bárbara Sepúlveda Navarro