Sr director:
Luego de que la Comisión de Evaluación Ambiental del Biobío aprobara el proyecto minero de la empresa Aclara, Penco podría sufrir las consecuencias del manejo político y económico por sobre la seguridad de la naturaleza.
El Seremi de Minería de la región aseguró que los metales que serán extraídos serían esenciales para el desarrollo sustentable, como por ejemplo, la generación eólica o los vehículos eléctricos. Sin embargo, no puedo evitar preguntarme, cuál será el costo humano para los vecinos y vecinas de Penco que tendrán que vivir cerca de la minera, sin saber realmente los daños a la salud que podrían provocarse en 5, 10 o 15 años más.
Por otra parte, y la que me parece aún más importante, es que Penco aloja especies nativas tales como los naranjillos y el queule, que se encuentran en conservación debido a que fueron declarados en peligro de extinción. A pesar de esto, el Servicio de Evaluación Ambiental señaló en el informe presentado en la comisión, que 87 árboles nativos serían sacrificados con el establecimiento de la minera.
Además, se pueden avistar pudúes, güiña y al monito del monte, especies que verían la destrucción de su hábitat con el fin de generar empleos o ampliar el desarrollo sustentable.
Me parece que el avance de este proyecto representa los valores de un Estado que no se preocupa por el bienestar de sus comunidades nativas, sería una lástima que Penco se convirtiera en una nueva zona de sacrificio, sin embargo, no sería una sorpresa para nadie.
Por: Paula Díaz Cabrales, estudiante de Periodismo.