Sr. Director:
El actual Mundial de Fútbol que se juega en Norteamérica está confirmando los peores temores de muchos hinchas tradicionales. Con la expansión a 48 selecciones y un calendario interminable de 104 partidos, la FIFA parece haber priorizado el negocio y la cantidad de transmisiones por sobre la calidad del espectáculo.
La mística de la Copa del Mundo se basaba en la exclusividad y en la alta competencia desde el primer minuto. Hoy, diluida en una fase de grupos eterna y con partidos que francamente no dan la talla para una cita planetaria, el torneo corre el riesgo de transformarse en una liga larga más, perdiendo la épica que lo hacía único cada cuatro años. El fútbol de selecciones merecía más respeto.
Karim Jara