Señor director:
La reciente decisión de la FIFA de dividir los partidos del Mundial 2026 en cuatro tiempos ha sido presentada ante el público bajo la idea de que se hace para “proteger la salud y el rendimiento del jugador”. Sin embargo, basta con analizar la dinámica de las transmisiones para saber que el verdadero propósito de la innovación.
Lejos de ser una medida médica o de bienestar deportivo, estamos frente a una estrategia puramente comercial. Los únicos beneficiados reales con estas pausas adicionales son los empresarios, las cadenas de televisión y los patrocinadores. Cada nuevo descanso no es más que una excusa perfecta para insertar nuevos bloques publicitarios, multiplicando los ingresos de quienes manejan el negocio del fútbol.
Mientras tanto, el ritmo natural y la pasión del juego se destruyen. Los jugadores, a quienes la FIFA dice proteger, terminan enfriándose y dando ventaja al equipo que en ese instante pudiera estar en un mal momento. Los futbolistas están siendo tratados como meros peones en un espectáculo diseñado exclusivamente para facturar.
Es hora de dejar de disfrazar la avaricia corporativa de preocupación deportiva. El fútbol está perdiendo su esencia de 90 minutos continuos, y todo indica que, una vez más, el dinero pesó mucho más que el deporte.
Atentamente,
Ignacio Toro