Sr. Director:
Las medialunas chilenas me recuerdan al Coliseo Romano, donde grupos de personas, desde las gradas, alientan y disfrutan de un show de violencia ritualizada.
Siglos atrás, en Roma, el pueblo gozaba al ver luchas y sangre en el ruedo a través de espectáculos. Hoy, mientras un bovino indefenso es lanzado al centro de la arena para ser acorralado, limitado por el miedo y el dolor, persiste ese mismo placer en el público, que justifica el hecho como una “tradición” o “deporte cultural”.
La práctica del rodeo me parece una crueldad. Bajo el manto de la patria o cultura chilena, como se suele defender, un animal es objeto de destreza y violencia entre dos jinetes que arremeten contra este ser sintiente, mientras la música, los aplausos y gritos encubren su miedo y dolor.
Le agradezco su atención,
Bárbara Valladares Torres